La narrativa de Irak frente a Israel*

Carlos Martínez Assad

A partir de 2020 Tel Aviv ha avanzado en diferentes intentos por establecer relaciones con cuatro estados árabes, entre los que Abud Dhabi se encuentra a la cabeza. Ahora también Israel ha decidido colocar una plataforma para la exploración en el mar profundo en el Mediterráneo oriental en un sitio en disputa con Líbano porque no se han delimitado las fronteras marítimas, lo cual ha hecho reaccionar a las autoridades libanesas solicitando la mediación de Estados Unidos para de una vez por todas poner fin a la cuestión. Sobra decir que los libaneses han estado muy entretenidos en la organización y realización de las elecciones legislativas que darán paso al establecimiento de un nuevo gobierno que bien lo necesitan. Aprovechándose de esa situación, además de los graves problemas que enfrentan los libaneses, Israel tomó esta decisión unilateral.

            En un punto más alejado pero no tan distante, el Parlamento de Irak ha aprobado recientemente por unanimidad una ley criminalizando cualquier forma de normalización con Israel que se opone a lo que ha estado buscando con los países árabes. Dicha ley surgió a partir de una propuesta de Muqtada Sadr, con el prestigio heredado de varias generaciones de famosos clérigos chiitas, incluido su respetable ya afamado abuelo por el cual un suburbio de Bagdad se llama Ciudad Sadr, su padre opositor de Hussein, cabeza de una familia que opuso resistencia a las fuerzas invasoras de Estados Unidos durante la guerra que comenzó en 2003 y que cuenta ahora con un apoyo parlamentario de 275 de los 329 diputados.

            Desde hace tiempo Saddam Hussein colocó la lucha contra Israel en el centro de su retórica panárabe seguida por los países de la región desde la época del liderazgo de Nasser en Egipto. Dicha tendencia amainó con la presencia de los estadunidenses durante la guerra, pero no cesó. El discurso antisraelí se mantuvo sobre todo cuando se recordaba el compromiso de esos países con Palestina.

            Algunas autoridades iraquíes buscaban desarrollar las relaciones con Israel desde 2004 con la intervención de Misal al -Alusi, jefe del partido Ummah, quien unos meses después debió lamentar la pérdida de dos de sus hijos junto con su guardaespaldas, sin que se aclarara si los israelíes. Los movimientos de acercamiento, pese a todo, continuaron.

            Así la ley que criminaliza la normalización y el establecimiento de relaciones con Israel contienen una importante carga simbólica para superar el discurso esgrimido por Irán, país que ha recurrido también a acciones denunciadas por Israel. Sadr, además de sus vínculos con clérigos iraníes, es primo del fundador del movimiento Amal que participa en las alianzas políticas en Líbano.

            Desde la llegada del nuevo gobierno el primer ministro Mustafá Al-Khadimi se ha mantenido el impasse institucional sin llegar a las reformas políticas. Algo de suma importancia en esta situación fue el rechazo del tribunal federal sobre la seguridad alimentaria, defendida fuertemente por los sadristas que ven el problema que genera la guerra entre Rusia y Ucrania. Muqtada Sadr logró romper con el consenso que se logró después de la caída del antiguo régimen, erigiéndose en líder de la mayoría con su principal aliado: el Partido Demócrata de Kurdistán (KDP) -que detenta el poder en Erbil, en el norte del país-, conducido por Massoud Barzani, el kurdo que hoy funge como presidente.

            Sadr, cuyo partido representa la mayoría en el Parlamento, se presenta como populista, nacionalista, chiita y antiestadunidense, y es capaz de contener la hegemonía sunita en el país que reúne a 60% contra 40% de chiitas. Y aún así su liderazgo es muy fuerte. Su antiamericanismo le ha valido la reacción de Washington que se ha opuesto a la ley en cuestión criticando que atenta contra la libertad de expresión en un antiisraelismo sin frontera con el antisemitismo.

            La ley propuesta es vista por algunos analistas como una maniobra para neutralizar el discurso iraní, haciéndolo suyo, con la garantía de competir su estrategia y hacer acopio de simpatizantes. Los dirigentes de Irán saben por qué Sadr hace esto y puede relacionarse con una posible coalición nacional.

            En enero de 2019 la delegación iraquí que visitó de nuevo Israel estuvo compuesta por oficiales sunitas y chiitas de alto rango. Después de una reunión en septiembre de 2001 en Erbil, un conjunto de 300 iraquíes de varias confesiones llamó a la normalización de las relaciones entre Irak e Israel.

            La iniciativa de Sadr a los dos meses de que Teherán lanzara una docena de misiles contra la capital del Kurdistán iraquí alertó a Israel sobre los centros estratégicos que ese país tiene en la región. No ignora que son los países de hegemonía sunita los que más se han involucrado en abrir el camino al establecimiento de relaciones, contrariamente a los de mayoría chiita que imponen más obstáculos y donde el discurso antisraelí tiene más fuerza.

            Aunque aparentemente sin relación, dos asuntos confluyen en la predisposición en contra de Israel. EL 2 de junio pasado las miradas se volvían hacia el campo gasero de Kadish esperando la anunciada llegada de la unidad flotante Energean Power de tratamiento de hidrocarburos. Llegó desde Singapur donde fue construida durante un año. Pareció un acto de provocación para Líbano de parte de Israel porque se campo, junto con el de Tanin, está en el área en disputa entre esos dos países en el Mediterráneo Oriental. Las negociaciones se iniciaron desde 2020 con la participación de la ONU y de Estados Unidos, pero fueron interrumpidas. Ahora el primer ministro de Líbano ha invitado al negociador Amos Hochestein a Beirut para reanudarlas, delimitar la frontera y evitar una escalada en contra de la estabilidad y la paz en la región.

            El problema es que tanto Líbano como Israel alegan que el sitio se encuentra en su respectiva Zona Económica, tal como ha sido reconocida por la ONU. El asunto no debe ser sencillo cuando ambos países han puesto tanto empeño en alcanzar un acuerdo y el ministro israelí de Defensa, Benny Gantz, declaró que el diferendo marítimo será resuelto por la ONU, como lo afirmó igualmente el primer ministro de Líbano, aunque Naïm Kassen, considerado el número dos de Hezbolá, expresó que recurrirán a los medios apropiados, incluido también el de la fuerza, para zanjar la cuestión.

            Una estrategia ideológica y un hecho coinciden en la disyuntiva Israel y mundo árabe que ha mantenido la tensión en Medio Oriente y que en ambos asuntos involucra a Irán, así como al problema confesional que ya ha sido cimiente de profundos problemas. Ahora el islam aparece dividido cuando los sunitas miran hacia Arabia Saudita más dispuestos a reconocer a la convivencia con Israel, a diferencia de los chiitas que miran hacia Irán.

*Publicado en Revista Proceso, núm. 2380, el 12 de junio de 2022

Administrador

Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente Universidad Nacional Autónoma de México

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