Líbano y su tragedia de un 4 de agosto

Carlos Martínez Assad

Tan distraídos nos encontramos siempre en México por nuestros problemas políticos internos que un silencio inexplicable se cierne sobre la enorme tragedia que se cierne sobre el mundo a raíz de la invasión a Ucrania por Rusia. El desabasto del trigo y del gas que esa contienda está provocando, puede traer más dificultades de las que apenas se vislumbran, por ejemplo, la hambruna que primero llegará a países de África y Medio Oriente.

            En esta región, Egipto, Yemén y Líbano han sido prácticamente dependientes del trigo ucraniano. El tercero requiere más del 75 por ciento del trigo para su consumo, de tal forma que al finalizar julio, un barco sirio con 5 mil toneladas de trigo y otras tantas de cebada, atracó en el puerto de Trípoli, en el norte de Líbano, que según Ucrania fueron robadas por Rusia.

            El barco Laodicea viajó desde Crimea, un puerto cerrado a la navegación internacional, y el embajador ucraniano en Líbano advirtió al presidente Michel Aoun que el asunto perjudicará las relaciones entre Kiev y Beirut. Esa embarcación, según Ucrania, ha estado transportando trigo robado de los almacenes situados en la zona tomada por Rusia y se encuentra junto con dos buques en embarcaciones sancionadas por Estados Unidos desde 2015.

            El fiscal libanés Ghassan Queidat ordenó la incautación de la mercancía, supuestamente perteneciente a un comerciante sirio, hasta que se aclare el asunto, ante la protesta de varios países occidentales. Se dice que el director de la compañía transportadora es turco y según las autoridades portuarias, nada demostraba que se tratara de mercancía robada.

Por otra parte, el buque Razoni, con capacidad de bodega de 30 mil toneladas, salió de Odesa cargado de maíz el 1 de agosto con destino a Líbano vía Estambul, según un acuerdo firmado con Rusia y otros buques continuarán transportando alimentos por el corredor marítimo establecido. Apenas se acaba de inaugurar en Turquía el Centro de Coordinación Conjunta (CCC) para controlar las exportaciones de grano ucraniano a través del mar Negro, la integrarán representantes de Ucrania, Rusia, Turquía y Naciones Unidas con el objetivo de registrar y controlar los convoyes y darles seguimiento entre los puertos de embarque ucranianos Es de subrayarse el acuerdo claro que existe entre representantes de Ucrania y Rusia, los dos países beligerantes, que aceptan evitar más problemas de los que ya existen.

Todo esto sucede justo luego de un incendio en lo que quedaba de los enormes silos que resguardaban granos en el puerto de Beirut en días recientes, y habían sobrevivido a la gran tragedia del 4 de agosto de 2020. Hace dos años cuando una enorme explosión causó más de 200 muertos y alrededor de 6 mil heridos; la mitad de la ciudad sufrió daños y se perdieron miles de viviendas. El sistema hospitalario colapsó con el derrumbe de 3 centros de salud con decenas de fallecidos entre médicos y pacientes.

Hay que recordar lo sucedido a unos días en que debía celebrarse el Centenario de la proclamación del Gran Líbano el 1 de septiembre, el país fue ensombrecido por las explosiones en el puerto de Beirut del equivalente de 200 toneladas de dinamita, causadas por las 2 mil 700 toneladas de nitrato de amonio que la negligencia de las autoridades dejó allí desde el 2014; una bomba de tiempo sembrada en el puerto por el barco RHOSUS. Una pesadilla en la que han aparecido todos los horrores, aunque que también podríamos decir errores de quienes gobiernan o tienen el control político del que no escapan sus diferentes partidos, incluido Hezbolá.

La hambruna ya ha llegado a Yemén pero también a Líbano, resentida de forma más fuerte en los campamentos de larga data como los palestinos, pero también los más recientes, los que surgieron a raíz de la guerra en Siria que arrojaron a millones de sus connacionales hacia otros países, entre ellos más de un millón en Líbano. Arrojados en la zona fronteriza en tiendas de campaña mal hechas en las que sufren las inclemencias del tiempo como el frío con sus nevadas, el calor de estos tiempos y las lluvias.

Lo que pone en evidencia lo sucedido con esos buques transportando semillas básicas para la alimentación, es el mundo globalizado en constante tensión, agravado con la guerra de Ucrania, definitiva en la configuración de las esferas de poder con Estados Unidos y Europa queriendo ganar los espacios de los países bálticos y, por otro lado, Rusia con la posible alianza con China, pasando por los países del Sovietistán, formados luego del derrumbe de la Unión Soviética, con enormes recursos naturales que incluyen grandes extensiones de tierras cultivables e hidrocarburos.

Además, en los componentes de esas ecuaciones deben incluirse también Turquía, Irán, Israel y Arabia Saudita por su capacidad económica y su influencia política. Todos jugando en el juego peligroso de una guerra global donde los principales contendientes están alejados del campo de batalla como lo son Estados Unidos y China. Al primero conviene debilitar a Rusia por eso los miles de millones de dólares enviados en armamentos a Ucrania que, de otro modo, habría tenido que rendirse. Por eso la prolongación de una contienda que disminuya la fuerza de Rusia frente a la OTAN.

Y el resto de los países a la espera poder satisfacer sus necesidades más elementales como en Yemén y Líbano, que según la banca mundial viven las crisis humanitarias más fuertes desde el siglo XIX. La sociedad busca desesperadamente la salida, aunque en el primer país es imposible ante el poderío de Arabia Saudita y en Líbano la clase política no parece tener prisa en la búsqueda de soluciones, si se recuerda que ya pasaron unas elecciones y aun así no ha podido formarse gobierno luego de la catástrofe recordada.

Administrador

Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente Universidad Nacional Autónoma de México