Una buena noticia y otras muy malas para Líbano

Una buena noticia y otras muy malas para Líbano

Carlos Martínez Assad

Resulta alentador escuchar la noticia del acuerdo alcanzado por Israel y Líbano para fijar sus fronteras marítimas, con la mediación de Amos Hochstein por parte de Estados Unidos.

Después de 20 años, desde que en 2000 se supo de los yacimientos de hidrocarburos en el mar profundo en el Mediterráneo oriental, las autoridades de esos países finalmente reconocieron las líneas divisorias, tomando como referencia el prospecto de Cana, supuestamente con ricos yacimientos cuyas dimensiones aún se desconocen.

Es de vital importancia un acuerdo entre países cuya historia reciente los ha alejado, en particular desde la infortunada invasión de 1982 y la incursión aérea de 2006 por parte de Israel, llegando en ambas ocasiones hasta Beirut, aunque con objetivos muy diferentes. Por supuesto el reconocimiento de la frontera marítima no compromete la terrestre, con litigios que aún no se resuelven. El acuerdo se alcanzó pese a los amagos que realizó Hezbolá cuando una plataforma marítima flotante contratada por Israel hace unos meses inició trabajos de exploración para saber la cuantía de los recursos. Sin embargo, por ahora ha dejado de lado si diferendo.

Debieron sortearse varios problemas porque el Estado de Israel es poderoso políticamente y bien cimentado económicamente, en camio, la república libanesa no logra salir de la crisis en la que la ha hundido su clase dirigente y ni siquiera cuenta con un gobierno sólido.

No obstante, de la lectura del acuerdo se desprenden ventajas para los israelíes, como la concesión de los hidrocarburos en las zonas transfronterizas. Además, Israel negociará los derechos de explotación no con Líbano -como debía suponerse, pues las condiciones no lo permiten por ahora-, sino con la empresa francesa Total Energies y de ésta dependerán los contratos de explotación israelíes.

Nada más falso que del acuerdo surja la solución de los problemas económicos y financieros de Líbano, porque aún hay que esperar los descubrimientos y después la explotación de los hidrocarburos, que sólo ocurrirá en un plazo aproximado de 15 años para contar con los ingresos de la producción. Y eso si se cuenta con los recursos cuantiosos para realizarla. En cambio Israel, como se mostró con la plataforma que ya está operando, cuenta con todo los que se requiere para su operación y en un lapso menor se verá cuánto gas y petróleo pueden producir los yacimientos. Líbano cuenta con la voluntad de Catar de unirse al consorcio formado por los grupos petroleros, como el francés Total y el italiano ENI, para la exploración y explotación. Por lo demás, la sociedad rusa Novatek se retiró, dejando su parte de 20% al gobierno libanés.

Para Líbano la moneda está en el aire mientras no logré superar los desafíos industriales, legales, financieros y administrativos, independientemente de las demarcaciones fronterizas ya aceptadas, aunque aún falta conocer las opiniones de Siria y Turquía, cuyas costas confluyen en esa parte del Mediterráneo. Y de eso dan cuenta las terribles dificultades que vive la población libanesa, que desde hace tiempo ni siquiera cuenta con electricidad para la vida cotidiana. Difícil de entender, pero la luz se ha convertido en un objeto de gran valor; y sólo la tienen quienes cuentan con combustóleo, que se encarece debido a la guerra Rusia-Ucrania.

El poder adquisitivo de los libaneses está a la baja. Ya ni siquiera vale la pena hablar de los miles de libras necesarias en la compra de dólares porque la desproporción es brutal. Eso ha generado una actividad desconocida hasta tiempos recientes, cuando los ahorradores, es decir, quienes han puestos sus ingresos en los bancos, recurren a medidas extremas para lograr parte de sus ahorros cuando viven las peores dificultades. Por todo el país algunos han recurrido al secuestro de empleados, al bloqueo de salidas o hasta un caso reciente de un hombre que amenazó con autoincinerarse si no obtenía 5 mil dólares que requería para salvar a su hijo de apenas dos meses. Las acciones continúan, pero los fondos no existen y los demandantes apenas consiguen un porcentaje muy menor a la cantidad que han ahorrado por una vida de trabajo. Pero simplemente las arcas están vacías. La corrupción está extendida y auspiciada desde el gobierno las dejó así.

Un problema que puede ser más grave ha regresado. Se trata del cólera, relacionado con las condiciones que han privado y se mantienen como consecuencia de la guerra en Siria. Hasta el momento de cerrar este artículo se han detectado 18 casos confirmados por la OMS y el secretario de Salud libanés. Las condiciones de miseria que viven los refugiados convierten a éstos en los más vulnerables. Sucedió en un campo situado entre el norte y Akkar, cerca de la frontera sirio-libanesa, así como en uno entre Baalbek y Hermel. El bacilo Vibrio del cólera provoca síntomas como diarrea aguda, causada por la ingestión de alimentos y agua contaminados con materia fecal, pero el padecimiento puede ser asintomático. Es claro que la falta de agua potable en los campamentos es consecuencia de instalaciones inadecuadas y de imposible solución, por la carencia de electricidad.

Aunque no se habla todavía de epidemia, el cólera ya ha provocado la muerte de más de 30 personas en Siria. La OMS ha puesto la alarma ante la posibilidad de su expansión, debido también a la resistencia de la bacteria a los antibióticos. La pandemia del covid-19, de la que apenas se está saliendo, ha dejado miedo y serios problemas hospitalarios y carencia de médicos, lo que dificulta las acciones para contrarrestar un mal que puede traer graves repercusiones.

Y mientras la sociedad muestra su hartazgo, la clase política escenifica una pieza de teatro en la que ya van varios actos para designar a un nuevo presidente, al llegar a su fin el periodo de Michel Aoun, en el que los libaneses pusieron tantas esperanzas. Los mismos actores repiten los monólogos ya conocidos y se avizora un “más de lo mismo” que difícilmente podrá sacar a Líbano del hoyo en que se encuentra. Es por eso lamentable que una buena noticia sea neutralizada por tantas malas.

Publicado en Revista Proceso, núm, 2400, el 30 de octubre de 2022.

Administrador

Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente Universidad Nacional Autónoma de México